Sibila CampsArtículos destacados
   
   
Publicada en diario "Clarín", Buenos Aires, 04 de Mayo de 1986

   
 

Un canto de multitudes

 

Castro recuerda que la murga fue muy marginada por pertenecer a “un canto contestatario de honda raíz popular, que no puede ser circunscrito a un teatro para 300 personas. Es una forma de arte que se expresa en el carnaval uruguayo y que llega a un promedio de mil espectadores por escenario, haciendo –por ejemplo, Falta y Resto–, 225 actuaciones en el último carnaval. En una ciudad que tiene un millón y pico de habitantes, es casi un 10 por ciento. Y llega a todos los estratos, sobre todo a los más humildes”. (ver nota completa)


La “cocina” de una murga”


Si Falta y Resto funciona como una cooperativa en la que todos tienen el mismo puntaje, la igualdad también se da en la elaboración de los espectáculos. (ver nota completa)

 


Comprensible para todos

“La murga, de por sí, es la voz de la calle, de la crítica y de la sátira social, fundamentalmente en la forma en que se hace, muy entendible para la gente –sintetiza Castro–-. Murga no es solamente pintarse la cara y cantar: es una forma de andar. (ver nota completa)

 


“Canario” Luna, el alma del conjunto

Con su vozarrón inconfundible, con su facha proletaria, “Canario” Luna es el prototipo del murguista. Como que lleva 34 años integrando murgas, entre las que se cuentan Compases de Negro, Los Humoristas, Saltimbanquis, Don Timoteo. (ver nota completa)

 

Murgas uruguayas, la voz del pueblo
 


Sibila Camps

“Es irreverente, rebelde, irrespetuosa. Es un pedazo de cultura en bruto, que le pega en el pecho al tipo que la va a escuchar. Al que está acostumbrado a meterse en un teatro para 150 personas le choca un poco; pero para la abuelita y para el jubilado, para el tipo que está acostumbrado a laburar diez, doce horas, y que va al tablado porque es su único entretenimiento durante todo el año, es la murga. Ahí busca todo: busca teatro, canto, expresión corporal, escenografía, vestuario, color, estética… todo. Sin saberlo, pero lo busca ahí”.

Así define Raúl Castro, libretista de Falta y Resto –una de las murgas más importantes en la larga tradición uruguaya, que se presentó anoche en el estadio Obras–, esta expresión de profundo arraigo popular, una de las manifestaciones interdisciplinarias más completas.

“La murga llegó a Buenos Aires a fines del siglo pasado, y quedó medio pren-didita en el aire, más europea que en Montevideo, donde calzó más –resume Castro–. Ahí llegó en 1906 La Gaditana, una zarzuela española, de Cádiz. Se quedaron sin guita para los pasajes de vuelta, y salieron a hacer murga en la calle, disfrazados, pintados, con instrumentos de diferente tipo. Después apareció Los amantes al Engrudo, la primera murga uruguaya, y un montón de murgas clásicas, algunas de las cuales todavía existen”.